Tipos de contratos de seguros estándar, ¿qué debemos esperar?

Dentro de los diferentes tipos de seguros que nos ofrecen las compañías aseguradoras podemos decantarnos por las pólizas estándar, con las coberturas más comunes y menos específicas. Suficientes para cubrir nuestras necesidades.

Hoy en día podemos encontrar una gran variedad de seguros. Algunos de ellos son más generales, como puede ser un seguro de coche, que resulta obligatorio si somos propietarios de un vehículo, o un seguro de vivienda, que es uno de los más comunes en nuestro país. Otros, sin embargo, son más específicos, como puede ser un seguro de esquí para un día en concreto, o un seguro de salud que contemple, exclusivamente, las prestaciones dentales.

Si escogemos un seguro más general, podemos elegir, a su vez, una cobertura básica, que incluya las necesidades más comunes y menos específicas. En el caso de un seguro de coche, la cobertura básica correspondería a un seguro a terceros, que es el que incluye solo los daños que causemos a otra persona. Cuanto más específicas sean las necesidades a cubrir, más caro será nuestro seguro. Es decir, si esta póliza básica a terceros le añadimos una cobertura de lunas, incendios o robo, el precio se verá incrementado.

En general, los seguros se pueden clasificar como de intereses, de personas, obligatorios o pocos comunes. ¿Cuáles son los que más nos interesan? Dependerá de nuestro estilo de vida y de nuestras circunstancias personales y profesionales.

Antes de elegir uno u otro seguro debemos plantearnos cuáles son nuestras necesidades, y en función de ello elegir aquella póliza que más nos interesa. En un seguro de coche, por ejemplo, no es lo mismo utilizar nuestro vehículo exclusivamente para ir a llevar a los niños a un colegio situado a diez minutos de nuestro domicilio, que usarlo para ir a cazar todos los fines de semana por caminos poco transitados. Las necesidades no son las mismas, por lo que el seguro no puede ser igual. Algo similar sucede en los seguros de vida.

En cualquier caso, en un contrato de un seguro estándar siempre intervienen los mismos elementos: el asegurador (entidad que soporta los riesgos y se compromete a indemnizar por las pérdidas que pueden llegar a ocasionar), el tomador (persona natural o jurídica que contrata y paga seguro), el asegurado (sobre cuya cabeza o bienes van a recaer las consecuencias del siniestro) y el beneficiario (quien tiene derecho a recibir la contraprestación por parte del asegurador).

El contrato del seguro en sí incluye una proposición, por la que la compañía cree que lo declara el cliente es cierto con el fin de determinar el costo del seguro, y la póliza, que es el documento privado donde se detallan las condiciones. Ésta debe incluir las firmas de la aseguradora y los contratantes, aquello que es asegurado, la naturaleza de los riesgos que se asumen, el periodo en el cual el seguro está en vigor y a partir de cuándo comienza su vigencia, el monto de la garantía, la prima del seguro o cuota que deberá abonar el asegurado, y otras cláusulas añadidas, que en el caso de un seguro estándar deberían ser mínimas.

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