El negocio del retoque fotográfico, no solo para los famosos

La revolución digital está afectando a todos los ámbitos de la vida. Y la fotografía no escapa al devenir de los tiempos. Hace 20 años, solo los profesionales y los grandes aficionados poseían cámaras reflex con las que retrataban el mundo a su paso. El resto de los mortales nos conformábamos con una cámara compacta o inmortalizábamos nuestros viajes con aparatos de usar y tirar. Pero con las cámaras digitales, los smartphones e Internet el salto en la cantidad y calidad de las imágenes ha sido increíble.

Pero no todos tenemos la habilidad de fotografiar con gran calidad, incluso los grande fotógrafos no quedan del todo satisfechos con las tomas que realizan. Esto ha llevado a que se cree un ámbito de negocio que ha trascendido los viejos cuartos de revelado. Antes uno llevaba su carrete a revelar cruzaba los dedos para no salir con los ojos rojos en todas ellas. Sin embargo hoy, gracias al retoque digital podemos no solo salir guapos sino hasta perder algún kilito o aparecer en atardeceres imposibles.

El alcance de las redes sociales, conjugado con la vanidad humana y la importancia que ha adquirido la imagen en nuestra sociedad lleva a muchas personas a contratar los servicios de las empresas de retoque fotográfico. En 2009, el diario británico ‘The Times’ reveló que el número de personas que pagaba retoques fotográficos había crecido un 550 por ciento. No todos tenemos un amigo fotógrafo al que pedirle que nos quite un michelín de nuestras últimas vacaciones.

Sin embargo, el principal área de negocio sigue estando en la fotografía publicitaria. Las grandes compañías se gastan millones de euros en conseguir imágenes de ensueño en las que sus productos aparezcan irresistibles, pero en la actualidad casi todas las empresas con presencia online saben de la importancia de dotarse de un aspecto atractivo y por ello el retoque fotográfico está en auge. Desde tiendas deportivas a supermercados, pasando por supuesto por la industria cosmética y de la moda cuentan con equipos de retocadores limpiando imágenes a destajo.

Pero no termina ahí la cosa. En el ámbito del fotoperiodismo, el retoque está a la orden del día, aunque con ciertas reglas. El fotógrafo de prensa es muy celoso de que las imágenes no se vean alteradas en su esencia. Existen reglas como jamás alterar las posiciones de los píxeles o por supuesto no incluir elementos que no estaban en la fotografía original. Para ello han surgido estudios de postproducción fotográfica que se dedican en exclusiva a trabajar los niveles de iluminación, las sombras y los contrastes para potenciar al máximo la emotividad de las imágenes.

En el mundo de la fotografía periodística, el trabajo del retocador es tremendamente delicado por las delgadas líneas que separan la mejora de la alteración. En juego no solo está la imagen en sí, sino en ocasiones el prestigio del propio fotógrafo. No son raros los casos en que se ha puesto en duda la veracidad de una imagen a la que se le ha dotado de algún prestigioso premio. El último gran escándalo surgió con en la edición 2013 del World Press Photo con la acusación de que el fotógrafo ganador, Paul Hansen, había creado la imagen ganadora a partir de tres imágenes distintas integradas mediante programas informáticos. Finalmente, se descubrió que si bien la imagen había sido procesada, las técnicas empleadas estaban permitidas por el reglamento del concurso.

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