El fenómeno Lady Gaga

Lo de plantarse en la ceremonia de entrega de los premios MTV de 2010 con un vestido hecho de carne cruda, de filetes de falda de ternera, fue una extravagancia más, otra de las idas de olla planificadas al milímetro por Lady Gaga. ¿El resultado? El esperado: un éxito.

Los medios de comunicación, ávidos de otra vuelta de tuerca, de repartir carnaza, de dar con eso que en Estados Unidos llaman the next big thing, han acogido con los brazos abiertos a esta neoyorquina de 27 años y buena familia, con estudios de piano clásico y que, además de ofrecer siempre una imagen con la que cerrar el telediario, compone éxitos tan rotundos como Alejandro o Bad romance.

Pese a que Stefani Joanne Angelina Germanotta parece sentirse heredera directa de Madonna, en realidad se considera descendiente de David Bowie, Michael Jackson y, sobre todo, Queen; de hecho, su nombre artístico es un homenaje a uno de los himnos de la banda del malogrado Freddie Mercury: Radio Gaga. Raíces que se remontan a los 60, 70 y 80 para una cantante que es todo un ejemplo de activismo made in siglo xxi: lo mismo posa desnuda para una performance de la reconocida artista Marina Abramovic que lo hace para defender a los animales o para reivindicar la belleza del cuerpo humano en el marco de una iniciativa a favor de los derechos de homosexuales, bisexuales y personas transgénero.

Pero más allá de sus intereses personales y sociales, sus excentricidades o sus campañas de imagen, Lady Gaga ha demostrado ser una excelente compositora: aprendió a tocar el piano cuando tenía cuatro años de edad; diecisiete más tarde empezó a sentarse a las teclas en distintos garitos del Lower East Side de Nueva York, hasta que llamó la atención en 2007 del sello Streamline Records.

Entró en la industria con la misión de escribir las canciones de otros, pero su voz no tardó en llamar la atención de los directivos: en 2008 publicó su primer disco, The fame, en el que se encontraban Just dance o Poker face. Poco después conquistó las pistas de baile con Alejandro, que durante ocho meses sonó sin parar en cadenas de radio, discotecas y escenarios de todo el mundo, hasta convertirse en uno de los temas más rentables de la historia de la música.

La maquinaria de Germanotta ha seguido funcionando desde entonces a un ritmo imparable: ha fabricado los discos Born this way (2011), en el que destaca el hit Judas, y ARTPOP, ha vendido 23 millones de álbumes y 64 millones de sencillos, y, como buena gran estrella, ha diseñado su propia fragancia (Fame). Evidentemente, se le han quedado pequeños los 15 minutos de gloria que merece todo ser humano según Andy Warhol, artista de quien, por supuesto, Lady Gaga sería íntima. Lo ha conseguido todo en menos de cinco años. Y lo que queda.

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