El Big Mac como indicador económico

El Big Mac: dos piezas de carne picada de ternera, un poco de lechuga, pepinillo, un par de lonchas de cheddar, tres rebanadas de pan, cebolla y salsa de la casa. Una de las joyas de McDonald’s, protagonista de un diálogo memorable escrito por Quentin Tarantino para Pulp Fiction, con museo propio (en North Huntingdon, Pensilvania) y poco recomendable si se quiere adelgazar (alrededor de 500 calorías. Solamente la hamburguesa).

La idea la tuvo la revista The Economist en 1986: utilizar el Big Mac como vara para comparar el poder adquisitivo de 48 países (más la Zona Euro) y saber si el tipo de cambio de sus monedas con respecto a la divisa estadounidense es correcto. Un método que parte de la premisa de que la popular hamburguesa debería costar lo mismo en todos los países del mundo y cuyo resultado es un índice que tiene poco de riguroso (la ciencia escasea) pero mucho de curioso.

Las bases del estudio son la cantidad que se paga por un Big Mac en Estados Unidos, es decir, 4,56 dólares (de acuerdo con el dato de julio de 2013), y los tipos de cambio locales. Dos ejemplos para entenderlo:

1. En Noruega un Biga Mac cuesta 46 coronas y un dólar equivale a 6,13 coronas, lo que significa que el precio de la hamburguesa en el país escandinavo es de 7,51 coronas (46 ÷ 6,13 = 7,51). Según el planteamiento de The Economist, este hecho muestra que el poder adquisitivo en Noruega es mayor que en Estados Unidos y que la corona está sobrevaluada en un 64 por ciento con respecto al dólar.

2. Por el contrario, en Sri Lanka la hamburguesa tiene un precio de 370 rupias. Puesto que, de acuerdo con el tipo de cambio, un dólar es igual a 130,80 rupias, el Big Mac en la isla asiática cuesta 2,83 dólares (370 ÷ 130,70 = 7,51), señal de que el poder adquisitivo es mucho menor en Sri Lanka y de que su divisa está fuertemente devaluada en comparación con la moneda de Estados Unidos (casi un 38 por ciento).

Sin embargo, la consonancia con la realidad del índice siempre está en entredicho que elabora The Economist es discutible, tal y como manifiestan los datos que ofrece el caso de Venezuela: allí se pagan 45 bolívares por un Big Mac, lo que, de acuerdo con el tipo de cambio, se traduce en 7,15 dólares por la hamburguesa y una sobrevaluación del bolívar de en torno al 57 por ciento. ¿Significa eso que el poder adquisitivo de los venezolanos es superior al de los estadounidenses? En absoluto. Sencillamente, The Economist obvia numerosos aspectos de la economía e incluso de los hábitos sociales de los países. ¡Pero así es más espectacular!

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