Divorcios millonarios

Sandy Lane, Barbados, 5 de octubre de 2004. “El día más feliz de mi vida”, repite radiante la modelo sueca Elin Nordegren, que reparte besos a los invitados a su boda y presume de marido, el multimillonario golfista Tiger Woods. Cinco años más tarde, el deportista estrella su Cadillac contra un árbol después de una pelea familiar: Elin ha descubierto que lleva varios meses acostándose con otras mujeres.

Veintitrés de agosto de 2010. La pareja firma su acuerdo de divorcio, por el que Woods debe pagarle a Nordegren casi 600 millones de euros. “Ahora sí. Este es el día más feliz de mi vida”, rectifica Elin.

¿Puede ser el matrimonio un negocio redondo? Por supuesto, pero nada en comparación con un buen divorcio. Como el de Madonna y Guy Ritchie, que le reportó más de 60 kilos al videoclipero director de Sherlock Holmes y Snatch. Cerdos y diamantes. O como el de Paul McCartney y Heather Mills, protagonistas de una bonita historia de amor (“casarse en régimen de gananciales es poco romántico”) que acabó en una indemnización de más de 30 millones de euros para ella.

Michael Douglas y Diandra Luker se casaron en 1977 y, a pesar de lo tempestuoso de su relación, no decidieron separarse definitivamente hasta el año 2000. El protagonista de Instinto básico quería llevar al altar a Catherine Zeta-Jones, así que Diandra le pidió 32 millones de euros. “Y si no, que se haga musulmán para tener dos esposas”, sentenció cáustica.

Durante los 80 y 90 la guionista Melissa Mathison (el cerebro de E. T. el extraterrestre) tuvo en casa a Harrison Ford, el hombre detrás de Indiana Jones y de Han Solo. Cuando el matrimonio se esfumó, en 2004, el actor se vio obligado a desembolsar 70 kilos, cantidad parecida a la que el iluminado Tom Cruise pagó a Nicole Kidman en 2001 por su amistoso divorcio.

Dos de los hombres de negocios a los que más caras le han salido sus rupturas son Bernard Ecclestone, presidente de la Fórmula 1, y Rupert Murdoch, CEO del coloso de la comunicación News Corporation; el primero dejó 830 millones de euros en la cuenta corriente de su ex, Slavica Radic; el segundo, 750 kilos en la de Anna Torv.

Los 81 millones de euros que Amy Irving se llevó de su matrimonio con Steven Spielberg fueron la cifra a batir en Hollywood hasta el año 2009. Entonces apareció Mel Gibson, quien, tras más de dos décadas de convivencia con Robyn Moore (y siete hijos en común), decidió darle un meneo a su vida, agarrar la botella de ron y comportarse como un macarra. Su nuevo estilo le costó cerca de 340 millones.

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